#25- MTM y MOST frente al cronometraje
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MTM y MOST frente al cronometraje
El episodio 25 de ProdCont podcast enfrenta los sistemas de tiempos predeterminados —MTM y MOST— a las técnicas tradicionales de medición del trabajo, como el cronometraje y el muestreo. La pregunta de fondo: ¿puede la industria medir y diseñar el trabajo con una precisión casi quirúrgica antes de que el producto exista, o la realidad caótica del taller exige seguir bajando a pie de línea con el cronómetro?
Dos presentadores defienden posturas opuestas. Para quien aboga por los sistemas predeterminados, MTM y MOST son la cúspide de la ingeniería de métodos: permiten diseñar, medir y perfeccionar un proceso en un entorno virtual antes de fabricar, y eliminan la subjetividad de valorar el ritmo a ojo. Para quien lo cuestiona, su extrema rigidez y el altísimo coste del análisis los hacen palidecer frente a la flexibilidad del cronometraje clásico y el muestreo del trabajo.
El MTM descompone cualquier tarea manual en micromovimientos universales (alcanzar, mover, girar, apretar, posicionar, soltar), a los que asigna un valor en TMU (Time Measurement Unit): 1 TMU equivale a 0,001 horas, unos 0,036 segundos. La ventaja es que desaparece el analista estimando si el operario va a un ritmo de 100 o de 133: se miden distancias y pesos con valores exactos. La crítica: incluso el MTM exige interpretación —alcanzar un objeto a 20 cm tiene casos A, B o C según su posición—, de modo que se cambia la subjetividad de valorar el ritmo por la de interpretar una tabla.
La analogía que resume el debate: si el cronometraje es pintar un retrato a mano alzada, el MTM es construir un modelo 3D píxel a píxel, auditable en cualquier parte del mundo y recalculable (si cambias una distancia, el modelo se ajusta solo). El precio es la parálisis por análisis: analizar un solo minuto de trabajo real puede llevar horas de cálculo de escritorio.
MOST nació para agilizar ese trabajo. Reconoce que los micromovimientos no ocurren aislados y los agrupa en secuencias (movimiento general y movimiento controlado), con una fórmula de parámetros simples: A (distancia de acción), B (movimiento del cuerpo), G (obtener control) y P (posicionamiento), con índices que se multiplican por 10 para dar los TMUs. Es hasta cinco veces más rápido que el MTM-1 sin sacrificar casi exactitud, aunque pierde esa precisión quirúrgica al promediar.
¿Cuándo conviene usar cada uno? El MTM-1 manda en ciclos muy cortos y repetitivos (soldar microchips de 10 segundos, donde ahorrar 10 TMUs vale cientos de miles de euros); en ciclos de menos de 15 segundos, el cronómetro es logísticamente inútil. MOST brilla en ciclos medios, de 30 segundos a 3 minutos (montar una puerta de coche). Y en tareas largas o de baja repetitividad (mantener una prensa durante 3 horas una vez al mes), el cronometraje sigue siendo el único con sentido económico.
La gran ventaja de los tiempos predeterminados es que son el puente entre el movimiento de un dedo y la planificación corporativa: fijan el tiempo estándar antes de que exista la línea, permitiendo decir a finanzas cuánto costará la mano de obra del modelo del año que viene y equilibrar estaciones de trabajo virtualmente. El cronometraje, en cambio, siempre llega tarde: necesita que el problema exista para poder medirlo.
Pero el tiempo que se paga en nómina no es la simple suma de los TMUs: hay que añadir los suplementos por fatiga, posturas incómodas, pesos y variables ambientales como el ruido, la iluminación o la humedad. Y ahí el diseño aséptico de una oficina choca con la realidad del taller: parones de máquinas, carretillas cruzando o una remesa de tornillos con rebabas que obliga a forzar la pieza. Por eso los defensores del método insisten en que un buen analista usa las tablas incluso para diseñar puestos ergonómicos y prevenir el riesgo antes de que la persona pise la fábrica; y los críticos responden que, llegado el caso, hay que bajar a pie de línea a auditar.
La conclusión del episodio es pragmática: la ingeniería moderna no es un dogma, sino tener todas las herramientas en el maletín y elegir la adecuada según el coste, el volumen y la repetitividad. «Usa el bisturí para la microcirugía de 15 segundos y el cronómetro cuando te enfrentas al caos diario de una línea compleja.» El cálculo exacto del tiempo sigue siendo el motor silencioso de la rentabilidad global.
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